Hace mucho tiempo un joven de 17 años en ese entonces era el mejor jugador de futbol; un día de tantos conto: salí con mucha alegría a competir en un clásico y mi corazón me palpitaba a un más de la emoción, pero debía estar sereno como un árbol para responder a la hinchada en el partido, durante el juego solo se escuchaban voces de alegría, apoyo y los compañeros gritando recíbisela ese fue el momento para anotar un gol el cual la fanaticada celebro y me salieron unas lágrimas de la alegría, cuando el partido termino y obtuvimos la victoria toda la tribuna parecía una piñata por reventar, me solicitaban en el teléfono para felicitarme, estaba rodeado de tanta gente que aquellas personas parecían un compás a mi alrededor para pedirme autógrafos; me dirigí para mí casa a descansar y me tome un café con poca azúcar hasta el día siguiente.
Este joven de 17 años fue nacido y criado con la venta de abarrotes que era el sostenimiento económico familiar, su pasado era solo escuchar palabras como véndemelo y su futuro fue anotar goles.
Este joven de 17 años fue nacido y criado con la venta de abarrotes que era el sostenimiento económico familiar, su pasado era solo escuchar palabras como véndemelo y su futuro fue anotar goles.
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